
En lugares aislados de Iowa y México, Ana Mendieta marcaba su silueta en el paisaje, especialmente en material natural como agua, fuego, pólvora, sangre y pelo. La realización de las diferentes siluetas se planeaban con un bosquejo muy minucioso del sitio y la materia utilizada. Ésta era recogida por Mendieta de sitios que ella consideraba que tenían una fuerza heredada, como excavaciones arqueológicas en México o de las riberas del Nilo. Con esto, pretendía plantar otra cultura en la suya, de la misma manera que a ella la habían trasplantado de Cuba a los Estados Unidos. Como una sombra, huella, contorno o silueta, ella creaba su huella allí donde la erosión daba pronto cuenta de su obra.
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