
En 1993, Eduardo Chillida ideó una obra escultórica para la montaña de Tindaya, Fuerteventura. La escultura consistía en un gran cubo de vacío en el interior de la montaña, así como oquedades hacia el exterior. El artista vasco pretendía realizar un homenaje a la humanidad, una montaña vacía en la que -una vez en su interior- nadie podría sentirse más que nadie. Finalmente, el proyecto no pudo llevarse a cabo por la oposición de diversos grupos ecologistas.
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