§ La galería Cayón acoge la exposición más íntima del inventor del color International Klein Blue.

El 28 de abril de 1958, Yves Klein organizó la exposición ‘El vacío’ en la galería parisina Iris Clert. Aquel día, los asistentes se encontraron con una muestra tan poco convencional como su autor. Tras atravesar un baldaquino de color IKB custodiado por dos guardias, los visitantes se encontraron con una sala vacía. Las paredes desnudas les permitieron «encontrarse con su propia sensibilidad pictórica». En el interior, les sirvieron un cóctel azul, preparado especialmente para la ocasión. Durante una semana, todos aquellos que lo probaron, orinaron azul. La obra de arte se había desmaterializado. No existía la obra expuesta o, si existía, la llevaban los visitantes en la vejiga.
Casi sesenta años después, la galería Cayón acoge otra de esas exposiciones extravagantes del hombre que se obsesionó con el azul y con el vacío. La muestra ‘Yves Klein, íntimo’, igual que su obra, es color. Sobre todo azul ultramarino, el color del vacío al que quiso dar su propio carnet de identidad. Un azul que pasaría a formar parte de la historia del arte y que, en esta ocasión, será posible verlo impregnado en sus obras más cotidianas y desconocidas. Si la muestra de París estuvo protagonizada por lo inmaterial, ahora le toca el turno a lo material. La primera parte de la exposición está integrada por una veintena de objetos cotidianos de pequeño formato a los que Klein valoraba igual que a sus cuadros más cotizados. Entre las piezas seleccionadas, destacan una máscara sumergida en su color IKB, los platos que utilizó para mezclar sus pigmentos y dos pañuelos de seda que pintó a mano.
Apasionado por el esoterismo y la espiritualidad, Klein consiguió liberar a la pintura de su aspecto más narrativo. Todo, incluso el vacío, era susceptible de convertirse en arte. Así, la muestra se centra en aquello que remite al proceso creativo y no tanto al resultado final. Y es que si algo caracteriza el trabajo de Klein, es su consideración del color como un elemento autosuficiente para impregnar de energía cualquier objeto o espacio. No necesitó trucos ni líneas que recorrieran sus lienzos. En su lugar, prefirió el espacio monocromático sin ningún tipo de límite. En ese sentido, las piezas bañadas en Azul Klein son un buen ejemplo de objetos convertidos en obras de arte gracias a su intervención cromática: desde el vaciado de la Victoria de Samotracia, hasta un plato, una esponja o los rodillos con los que trabajaba, mucho más anónimos que los pinceles, a los que consideraba «excesivamente psicológicos». Objetos que al ser teñidos con azul ultramar daban la razón a Klein cuando afirmaba: «lo que toco es arte».
La segunda parte de la exposición, situada en una sala adyacente, esconde la maqueta de su ‘Escultura Táctil’. En ella, los visitantes son invitados a introducir su mano en una caja elevada con dos agujeros circulares. En el interior, una persona desnuda y encogida se expone a los espectadores. En la mayoría de casos, las personas acaban sacando rápidamente la mano por la extrañeza de sentir el tacto inesperado de una persona viva, sentada en una caja cerrada, cuyo rostro no se puede ver. En 1957, momento en que creó la obra, Klein decidió no mostrarlo al público al entender que sería una propuesta demasiado radical para su época. Su obra póstuma se exhibe por primera vez en nuestro país demostrando que todavía conserva gran parte de su radicalidad. Se trata de una oportunidad única para adentrarse en el particular universo de Yves Klein, un lugar en el que serán bien recibidos todos aquellos que quieran experimentar la sensibilidad en su máxima expresión: su propia sensibilidad.
La exposición ‘Yves Klein, íntimo’, comisariada por Adolfo Cayón, podrá verse del 10 de septiembre al 21 de noviembre en el Espacio en Blanca de la galería Cayón (C/ Blanca de Navarra 7, Madrid).
No hay comentarios :
Publicar un comentario